Todas las
personas tenemos lo que se denomina “imagen personal” o “autoimagen”, fruto de
lo que pensamos de nosotros mismos, de nuestras capacidades, de nuestras
cualidades. Aquellos son conceptos distintos del de autoestima, que hace
alusión a la valoración que damos a dichas cualidades y que ha ido
consolidándose a partir de las experiencias que tenemos a lo largo de la vida.
Lo que pensamos de nosotros mismos y cómo nos valoramos es muy importante y
acabará influyendo tanto en nuestro desarrollo como seres humanos, como en los
logros que consigamos. Si nuestra autoestima es positiva, nos vemos y sentimos
con capacidad y ganas de afrontar nuevos retos. Lo contrario es igualmente
cierto, si la autoestima es baja, lo más probable es que nos autolimitemos en
nuestros objetivos y en las acciones que pongamos en marcha para conseguirlos, por lo que, con gran probabilidad, acabaremos teniendo un fracaso.
Una gran
parte del concepto o imagen que tenemos de nosotros mismos se forma a lo largo
de la infancia y la adolescencia. Las experiencias de aceptación o rechazo por
parte de los demás, las calificaciones y expresiones que el entorno nos dirige,
el apoyo social durante la fase de cambio y desarrollo de la identidad en la
pubertad, pueden llegar a condicionar significativamente el concepto que de
nosotros tenemos.
Las
personas que presentan baja autoestima generalmente tienen una visión
distorsionada de sí mismas, que incide directamente en su forma de percibir a
los demás y las relaciones que con ellos mantienen. Presentan pensamientos
erróneos y sobredimensionados –“…he
suspendido este examen, creo que nunca conseguiré acabar mis estudios…”-; Utilizan
expresiones en las que se descalifican de forma permanente –“…he tirado el florero y se ha roto…¡¡qué torpe
soy¡¡-; No consiguen ver puntos intermedios, tienen pensamientos
polarizados –“…estás conmigo o contra
mí…”, “…todo el trabajo está mal, desde el principio hasta el final…”-; Se
sienten responsables de todos los sucesos –“…tengo
yo la culpa de todo…”; Personalizan,
de forma egocéntrica, todo lo que les rodea –“…parece enfadada, debo haber hecho algo que le ha sentado mal…”;
Asumen que sus conductas o su simple presencia pueden molestar a los demás, sin
que exista evidencia para así creerlo –“…a
pesar de que pone buena cara, seguro que no me soporta…”-; Existen
sentimientos generalizados de desamparo, de soledad, de no sentirse atendidos
por los demás, y desatienden aquellas ocasiones en las que las experiencias
apuntan en sentido contrario.
Dado que es importante tener una visión y una valoración positivas de nosotros mismos
para nuestra vida en general, cabe preguntarse: ¿Es posible mejorar la
autoestima?, ¿Podríamos cambiar el concepto que tenemos de nosotros mismos?
La respuesta es un rotundo SÍ. La autoestima puede ser mejorada y cambiada. Para ello podemos hacer algunas cosas: La forma de hablar y las expresiones que utilizamos son muy importantes, por ello podemos comenzar por analizar y ser conscientes de aquellas frases que utilizamos de forma habitual y que son negativas, una vez identificadas debemos sustituirlas por otras que sean positivas –“No hago bien las cosas” por “Esta vez voy a proponerme hacerlo bien”-, “Con mi forma de ser caigo mal a todo el mundo” por “No se puede agradar a todo el mundo”; Debemos evitar las generalizaciones, tan habituales en personas con baja autoestima, y focalizarnos en cualidades, aptitudes o actitudes puntuales, “No se me da bien ningún deporte” por “Tengo poca resistencia en atletismo, pero demuestro ser un buen nadador”, “Nunca podré aprobar la asignatura de Química” por “He suspendido este examen, pero seguro que si me esfuerzo más en la próxima convocatoria, podré aprobar” ; Modificaremos nuestro foco de atención que se dirigirá exclusivamente a aquellos atributos, capacidades y cualidades que sean positivos. Para conseguirlo podemos reflexionar sobre éxitos o actuaciones exitosas que hayamos tenido en el pasado e imaginar cómo podemos repetir los logros en un futuro, con esfuerzo y convicción; Tal y como dice el refrán “Las comparaciones son odiosas”, en el caso de personas con autoestima baja esto resulta especialmente doloroso porque siempre suelen percibir a los demás como mejores que ellos. Es importante ser conscientes de que entre las personas existen grandes diferencias y que mientras algunas personas destacan en algunos aspectos como por ejemplo, los deportes, otros lo hacen en tareas de bricolaje; Necesitamos confiar en nosotros mismos y en nuestras habilidades. Mostrarnos predispuestos a encontrar fortalezas nos ayuda a ser más objetivos con nuestras capacidades reales, estar más satisfechos con las que descubrimos y aceptar mejor aquellas otras facetas en las que no somos tan eficaces; Por último, habiendo hecho el análisis anterior, podemos plantearnos qué queremos mejorar de nosotros mismos, qué queremos lograr y marcarnos cómo lo conseguiremos.
La respuesta es un rotundo SÍ. La autoestima puede ser mejorada y cambiada. Para ello podemos hacer algunas cosas: La forma de hablar y las expresiones que utilizamos son muy importantes, por ello podemos comenzar por analizar y ser conscientes de aquellas frases que utilizamos de forma habitual y que son negativas, una vez identificadas debemos sustituirlas por otras que sean positivas –“No hago bien las cosas” por “Esta vez voy a proponerme hacerlo bien”-, “Con mi forma de ser caigo mal a todo el mundo” por “No se puede agradar a todo el mundo”; Debemos evitar las generalizaciones, tan habituales en personas con baja autoestima, y focalizarnos en cualidades, aptitudes o actitudes puntuales, “No se me da bien ningún deporte” por “Tengo poca resistencia en atletismo, pero demuestro ser un buen nadador”, “Nunca podré aprobar la asignatura de Química” por “He suspendido este examen, pero seguro que si me esfuerzo más en la próxima convocatoria, podré aprobar” ; Modificaremos nuestro foco de atención que se dirigirá exclusivamente a aquellos atributos, capacidades y cualidades que sean positivos. Para conseguirlo podemos reflexionar sobre éxitos o actuaciones exitosas que hayamos tenido en el pasado e imaginar cómo podemos repetir los logros en un futuro, con esfuerzo y convicción; Tal y como dice el refrán “Las comparaciones son odiosas”, en el caso de personas con autoestima baja esto resulta especialmente doloroso porque siempre suelen percibir a los demás como mejores que ellos. Es importante ser conscientes de que entre las personas existen grandes diferencias y que mientras algunas personas destacan en algunos aspectos como por ejemplo, los deportes, otros lo hacen en tareas de bricolaje; Necesitamos confiar en nosotros mismos y en nuestras habilidades. Mostrarnos predispuestos a encontrar fortalezas nos ayuda a ser más objetivos con nuestras capacidades reales, estar más satisfechos con las que descubrimos y aceptar mejor aquellas otras facetas en las que no somos tan eficaces; Por último, habiendo hecho el análisis anterior, podemos plantearnos qué queremos mejorar de nosotros mismos, qué queremos lograr y marcarnos cómo lo conseguiremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario