“Es normal que mi novio me haya dejado por otra persona. Seguro que ella es más guapa, más divertida y mejor en la cama que yo. Me fastidia decirlo pero cuando salíamos los fines de semana y veía cómo le miraban otras chicas, pensaba qué es lo que habría visto en mí y no en ellas. Me sentía bien por su elección y a la vez bastante insegura al pensar que en cualquier momento podía cambiar de opinión y tomar la decisión de estar con otra persona más agraciada e interesante que yo,…”
Este es el pensamiento de una persona a quien su pareja acaba de abandonar. Es el pensamiento de una mujer con poca seguridad en sí misma, con dudas acerca de su valía, que pone en tela de juicio la realidad, las propias conductas y las de los demás hacia ella… que busca encontrar hechos que ratifiquen la visión –errónea- que tiene de sí misma. ¿Y qué hecho más evidente que una ruptura sentimental por parte del otro para encontrar la confirmación de sus creencias?
Lo anterior constituye un patrón de pensamiento bastante extendido entre una gran parte de la población. Muchas personas se castigan a sí mismas con pensamientos recriminatorios y altamente tóxicos para su salud mental y su felicidad. Los seres humanos somos nuestros peores enemigos a la hora de emitir una crítica y convertirla en el epicentro de nuestra atención y de toda nuestra existencia, pero sobre todo tenemos una capacidad especial para “vivir como real aquello que dicta nuestra creencia" y además sufrir sus consecuencias.
Esto nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿Es posible lograr objetividad en nuestras críticas y en la concepción que tenemos de nosotros mismos, nuestras conductas y actitudes?, ¿Podemos cambiar voluntariamente el modelo de pensamiento por uno más beneficioso para nuestra vida? Si la respuesta es afirmativa… ¿Cómo hacerlo?
Lo primero es identificar qué pensamientos y creencias son erróneas. El concepto erróneo puede ser aplicado a cualquier idea, pensamiento o creencia, que no se ajusta a la realidad, independientemente de la certeza con la que la persona la vivencie. Para diferenciar las ideas erróneas de las que no lo son es necesario comprobar su veracidad: “necesito saber si realmente no soy agraciada, que es como yo me veo”. Tengo que comprender que puedo cambiar esta visión que tengo de mí misma, desmintiendo esta idea y comprobando que no es cierta. Debo mantenerme alerta y encontrar –en este caso- rasgos de mi físico que demuestren que estoy cometiendo un error al pensar que no soy agraciada. Seguro que incluso puedo hacer todo un listado de partes de mi cuerpo con las que puedo sentirme más que satisfecha: mis manos, mis pies, mi barriga plana…
Ya he reconocido que la realidad de mi físico no se corresponde con la imagen global que tengo de él. Entonces, ¿si no son ciertas, cómo he llegado yo a esas conclusiones? Debo buscar el origen: quizá cuando era pequeña en casa decían que era fea, quizá en el colegio algún compañero se reía de mí, quizá no he llegado a superar el desengaño con mi primer novio, quizá es porque no quepo en los pantalones talla 40, quizá es porque todas mis amigas están más delgadas que yo, quizá…, quizá…, las posibilidades son muchas, pero sólo debo centrarme en aquellas que, hoy por hoy, puedo modificar. Puedo hacer dieta y perder algún kilo, puedo preguntar a mis amigas si realmente pesan tan poco como yo creo que pesan. Puedo elegir pensamientos alternativos que sean más constructivos y que además, desplacen a los negativos: no quepo en la talla 40 pero seguro que hay modelos de pantalones que por su hechura me hacen más delgada y puede que me vea guapa.
En algunos casos, puede que la creencia no sea del todo errónea, pero tampoco tan rotunda como la consideramos. Es posible que algo de cierto haya en el hecho de no ser del todo agraciada. Pero es imposible que todas las partes del cuerpo estén faltas de virtud estética. Entonces –y a sabiendas de que algo de razón pudiera tener en mi creencia- centraré mi foco de atención en aquellas partes que sean hermosas: Pintaré mis uñas para resaltar mis manos y mis pies, utilizaré camisetas cortas con las que poder lucir mi vientre plano, llevaré el pelo suelto porque es sedoso y abundante, pintaré la parte de arriba de mis párpados para acentuar mis ojos rasgados,…y poco a poco, iré encontrándome menos fea porque 1) seré más objetiva con mi aspecto real y 2) dejaré de centrarme y de magnificar aquellas cosas que no me gustan, dando paso a ideas alternativas sobre aquellas otras con las que sí me siento a gusto.
Tenemos que plantearnos, por último, qué beneficio obtenemos al centrar nuestra atención en creencias erróneas –si tenemos en cuenta su potencial destructor- . Si lo que creemos de nosotros mismos es cierto en este momento, es posible cambiarlo en un futuro?, ¿cómo hacer para conseguirlo?,… puedo, por ejemplo, detallar en un papel cómo será mi forma de actuar de aquí en adelante en todo lo relacionado con lo que necesito modificar… esto indicaría que: ya he identificado las creencias erróneas, tengo la intención de modificarlas, me he marcado unos objetivos y sé que pasos dar para conseguirlo.
Poner en marchar estos cinco pasos ayuda a modificar no sólo creencias erróneas concretas, sino patrones de pensamiento generalizados en la mente de muchas personas. Pensamientos, ideas y creencias realistas y positivas mejoran nuestro concepto de sí mismos, de lo que nos rodea, de nuestro futuro, de nuestro paso por la vida... contribuyendo a conseguir un mayor bienestar y una mejor adaptación a las circunstancias vitales.
Poner en marchar estos cinco pasos ayuda a modificar no sólo creencias erróneas concretas, sino patrones de pensamiento generalizados en la mente de muchas personas. Pensamientos, ideas y creencias realistas y positivas mejoran nuestro concepto de sí mismos, de lo que nos rodea, de nuestro futuro, de nuestro paso por la vida... contribuyendo a conseguir un mayor bienestar y una mejor adaptación a las circunstancias vitales.
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