lunes, 18 de junio de 2012

"...Y QUIERO"

“Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que lo intenta”
                                                               Charles Dickens
   La corteza prefrontal o córtex prefrontal se encuentra situado en la parte anterior de los lóbulos frontales de nuestro cerebro. Esta región cerebral está directamente implicada en funciones ejecutivas, como la planificación, los procesos de toma de decisiones, la expresión de la personalidad y la adecuación de nuestro comportamiento a las exigencias sociales.

  Esta parte del cerebro trabaja para que el individuo pueda diferenciar entre el bien y el mal, sea capaz de prever cuáles podrían ser las consecuencias si emite una conducta determinada, puede planificar los pasos a dar para conseguir un objetivo establecido, es capaz de crear unas expectativas, inhibe comportamientos impulsivos no adaptativos y en general, “regula el comportamiento a realizar por el individuo siguiendo un plan”.

  Estas funciones ejecutivas, junto con el lenguaje, son las que nos hacen diferentes de los animales. El ser humano tiene la capacidad de “decidir”, “reflexionar”, “planear”, “dirigir”, “visualizar”, y un largo etcétera…. El cerebro está preparado para ello, sólo hay que ponerlo en marcha. Y el primer paso es la intención –consciente o inconsciente- de que empiece a funcionar, y de cómo queremos que funcione. “Un coche puede estar en perfecto estado, pero si no introducimos la llave de contacto y la giramos, el coche no arrancará. Una vez encendido y ya conduciendo, también decidimos cómo queremos conducir, corriendo más o yendo más despacio, cumpliendo las normas o saltándonos los semáforos…”. Con el cerebro pasa algo parecido. Lo ponemos en marcha, intentamos ser conscientes de que estamos utilizando las capacidades que posee y lo dirigimos hacia lo que deseamos conseguir. Tenemos la INTENCIÓN de conseguir que funcione de una forma determinada y que eso se traduzca en los resultados esperados.

  Cuando de forma consciente o no consciente tenemos pensamientos positivos, expectativas, ilusión,… la zona prefrontal de nuestro cerebro activa aquellos procesos atencionales que hacen que focalicemos todos nuestros esfuerzos –ahora conscientes- en aquello relativo a lo que pensamos, sin reparar siquiera en aquello que pueda obstaculizar su consecución. Imaginemos por un momento  que deseo y tengo la intención de encontrar la solución a un problema dado. De forma quizá no consciente, le estoy dando información a mi cerebro para que se focalice sólo en aquellas ideas, estímulos o informaciones del exterior que puedan ayudarme a conseguir resolver mi problema. Y mi cerebro hará lo que le pido: se mostrará receptivo a todo lo que me pueda ser de utilidad, sin percatarse de otras cosas que me distraigan o que vayan en sentido opuesto a lo que quiero conseguir. “Pongo a mi cerebro en modo automático” para ser consciente de lo que necesito y una vez tengo esa información, emito una serie de conductas que me llevarán a conseguir el resultado esperado.