miércoles, 27 de junio de 2012

SOCIALIZAR ES UNA NECESIDAD


“El ser humano es un ser social por naturaleza”
        Aristóteles

    Ayer mientras veía correr a mis hijos por el parque, con sus amigos, pensaba en lo felices que son. Y en lo afortunados que son de ser felices…

   El calor hacía que pareciese que estábamos dentro de un  horno gigante. La mesa llena de comida, sin tocar, porque el calor sólo nos dejaba beber. A pocos metros una fuente y muchas ganas de mojarse. Globos y más globos se estrellaban unos contra otros. Fue una estampa maravillosa. De las que disfrutas en el momento y de las que cuando recuerdas, te hacen esbozar una sonrisa.

   Los padres afanados en hablar de nuestras cosas, en encontrar vivencias comunes que nos hagan sentirnos más afines y en arreglar un poquito el mundo.

   La vuelta a casa, muy tarde, muy cansados y muy felices. Con la grata sensación de haber vivido una jornada plena, en familia y rodeados de amigos.
  
      Que el ser humano es un animal social es un hecho ampliamente contrastado. La pertenencia a una comunidad, la agrupación familiar, con amistades o en otras organizaciones sociales, no puede ser considerado tanto desde la perspectiva de “intercambio de cosas” y satisfacción de necesidades, como lo es por lo que aporta a la vida emocional de las personas.

   Las relaciones sociales constituyen  una fuente fundamental de bienestar subjetivo y de felicidad, lo que redunda positivamente en la salud mental y física de las personas. El contacto con los demás hace que nos sintamos más optimistas, más alegres, permite la comunicación de vivencias y emociones y hace que nos sintamos valorados y miembros pertenecientes a un grupo.

   Y el efecto que provoca en nosotros es recíproco para la relación: al aumentar las relaciones, aumenta el valor afectivo de las interacciones. Al hacerlo, aumentan las emociones positivas que experimentamos, lo que es percibido por los demás, provocando que hacia nosotros tengan conductas de generosidad, cooperación y amabilidad.

   Es un auténtico círculo vicioso.

   Tal y como exponía  Maslow en su teoría de la “Pirámide de necesidades”, el ser humano, una vez satisfechas las necesidades fisiológicas y de seguridad, necesita cubrir las necesidades sociales. Necesita compañía, comunicación, participación social, intimidad, demostración y recepción de afectos.  Todo ello redundará positivamente en su mente y en su cuerpo. 

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