“El ser humano es un ser social por naturaleza”
Aristóteles
Ayer
mientras veía correr a mis hijos por el parque, con sus amigos, pensaba en lo
felices que son. Y en lo afortunados que son de ser felices…
El
calor hacía que pareciese que estábamos dentro de un horno gigante. La mesa llena de comida, sin
tocar, porque el calor sólo nos dejaba beber. A pocos metros una fuente y
muchas ganas de mojarse. Globos y más globos se estrellaban unos contra otros.
Fue una estampa maravillosa. De las que disfrutas en el momento y de las que
cuando recuerdas, te hacen esbozar una sonrisa.
Los
padres afanados en hablar de nuestras cosas, en encontrar vivencias comunes que
nos hagan sentirnos más afines y en arreglar un poquito el mundo.
La
vuelta a casa, muy tarde, muy cansados y muy felices. Con la grata sensación de
haber vivido una jornada plena, en familia y rodeados de amigos.
Que
el ser humano es un animal social es un hecho ampliamente contrastado. La
pertenencia a una comunidad, la agrupación familiar, con amistades o en otras
organizaciones sociales, no puede ser considerado tanto desde la perspectiva de
“intercambio de cosas” y satisfacción de necesidades, como lo es por lo que
aporta a la vida emocional de las personas.
Las
relaciones sociales constituyen una fuente
fundamental de bienestar subjetivo y de felicidad, lo que redunda positivamente
en la salud mental y física de las personas. El contacto con los demás hace que
nos sintamos más optimistas, más alegres, permite la comunicación de vivencias
y emociones y hace que nos sintamos valorados y miembros pertenecientes a un
grupo.
Y el
efecto que provoca en nosotros es recíproco para la relación: al aumentar las
relaciones, aumenta el valor afectivo de las interacciones. Al hacerlo,
aumentan las emociones positivas que experimentamos, lo que es percibido por
los demás, provocando que hacia nosotros tengan conductas de generosidad,
cooperación y amabilidad.
Es
un auténtico círculo vicioso.
Tal
y como exponía Maslow en su teoría de la
“Pirámide de necesidades”, el ser humano, una vez satisfechas las necesidades
fisiológicas y de seguridad, necesita cubrir las necesidades sociales. Necesita
compañía, comunicación, participación social, intimidad, demostración y
recepción de afectos. Todo ello
redundará positivamente en su mente y en su cuerpo.
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