lunes, 25 de junio de 2012

DÓNDE DIRIJO MI ATENCIÓN. Parte II


  “Es Junio. Hace una semana recibí una carta en la que se anunciaba mi despido –improcedente, pero despido en definitiva-. La situación económica es delicada y soy plenamente consciente de ello. Estos días he estado pensando detenidamente en ello y he tomado una decisión…”

   Se acaba de presentar una situación adversa. Un contratiempo que rompe con la estabilidad de la persona. La circunstancia se ve agravada por el factor “sorpresa”, la persona no contempla en su esquema mental  la posibilidad de un cambio vital externo que pueda afectar de forma tan inmediata. Y Sin embargo, sabe que debe enfrentarse a ello.

   La primera reacción puede ser la incredulidad: “Esto no me puede pasar a mí”, después la duda: “¿Pero qué he hecho yo para que me ocurra esto?”, la incertidumbre: “¿Y qué voy a hacer ahora?”, el miedo: “¿Y qué va a ser de mí de aquí en adelante?”, la desesperanza: “Tal y como está la situación no creo que encuentre trabajo fácilmente”. Todas y cada una de estas preguntas/afirmaciones no dejan indiferente a nuestro cerebro.

   Es frecuente experimentarlas en un primer momento, y si se mantienen en el tiempo pueden provocar que la persona desarrolle emociones negativas, muestre conductas poco adaptativas y tenga actitudes demoledoras.

  Imaginemos ahora la misma situación, pero desde otra perspectiva. Éstas pueden ser algunas afirmaciones que se hace la persona: “El despido me ha pillado por sorpresa”, “Imagino que se debe a la situación financiera de la empresa”, “Empiezo lo antes posible a buscar otro empleo”, “Las cosas están complicadas, pero tengo formación y experiencia y eso es muy importante”…Tampoco ninguna de estas afirmaciones deja indiferente al cerebro. Sólo que en este caso, las “órdenes” recibidas a través del pensamiento son positivas –sin dejar de ser realistas-. Comienzan a ponerse en marcha algunos procesos cognitivos, que unidos a las acciones de la persona,  aumentan la probabilidad de variar su situación actual:

   “Intención”: la persona se PROPONE buscar un empleo. Implica el comienzo de una acción.

   “Atención”: el foco atencional se estrecha y la persona sólo se centra en la búsqueda de empleo. Ésta se vuelve más eficaz porque existe una orientación selectiva hacia aquellas informaciones o situaciones que pueden ser provechosas para cambiar la situación. La persona está alerta al entorno que la rodea.

   “Motivación”: Directamente relacionada con las dos anteriores. Existe una necesidad que debe ser satisfecha,  encontrar un empleo. La persona pone en marcha acciones que den lugar a resultados.

   “Emociones positivas”: Actúan de dos maneras; 1) Empujan a que la persona se muestre optimista, activa, esperanzada y tenga expectativas de éxito y 2) Se traducen en actitudes positivas que son captadas por el entorno de la persona, que responde de modo receptivo a las necesidades de ésta.

   De nuevo, vuelve a quedar patente la importancia de los pensamientos y las emociones en la dirección de nuestra atención y en último término de nuestras conductas. 

2 comentarios:

  1. Es evidente que actitudes positivas trabajan para resultados de éxito..

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  2. Soy coach y entiendo perfectamente el planteamiento. En realidad lo que pensamos está directamente relacionada con lo que sentimos y esto acaba demostrandose en nuestros actos. Así que pensar en positivo no solo es muy beneficioso para nosotros si no que es imprescindible para superar cualquier situación adeversa. Lo explicas genial!

    Un saludo,

    Trini
    http://yoadoroviajar.blogspot.com

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