La salud de los seres
humanos se basa en el equilibrio de factores biológicos, psicológicos y
sociales, y cómo éstos interrelacionan. Por eso se habla de salud física, pero
también mental.
Y si esto es así podemos
plantearnos cómo puede beneficiar a la salud de nuestro cuerpo, el
funcionamiento de nuestro cerebro, las predisposiciones innatas y las respuestas
adquiridas por aprendizaje.
Estudios realizados
indican que aquellas personas que son optimistas y felices presentan niveles
más bajos de la “hormona del estrés”, que en cantidades elevadas pueden provocar
una disminución de las defensas, hipertensión arterial y acumulación de grasa
en la zona abdominal. Otras investigaciones demuestran que aquellas personas
más felices presentan mejor salud general que aquellas que son más pesimistas o
que han soportado durante un tiempo prolongado una situación de estrés. También
se ha comprobado que las emociones positivas están asociadas a respuestas
biológicas, por parte del organismo, que protegen la salud del individuo.
El optimismo parece,
por sí mismo, crear la salud, pero también facilita un estado de ánimo positivo
que incita al individuo a llevar una vida más saludable. Como si de un círculo
vicioso se tratase.
La esperanza también
parece tener efectos beneficiosos sobre la salud. Las personas que viven con
esperanza son capaces de resistir mejor circunstancias adversas y tener
confianza en que la situación mejorará con el tiempo.
El buen humor y la risa
pueden suponer herramientas muy efectivas a la hora de combatir una enfermedad.
Estar de buen humor hace que cambie la perspectiva de nuestros problemas. En
cuanto a la risa, se la puede considerar como una liberadora de tensiones
acumuladas. En cualquier caso, que el individuo se mantenga emocionalmente
estable, hace más probable que el sistema
inmunológico actúe de forma adecuada.
Sin contradecir lo
dicho, hay que puntualizar que las emociones positivas ayudan a sobrellevar las
enfermedades favoreciendo el proceso de recuperación, pero por sí solas no
logran “curar” al individuo. Si a un
paciente se le ha diagnosticado cáncer, deberá seguir el tratamiento prescrito
por su médico. Las emociones positivas, en este caso, pueden contribuir a que
el organismo se encuentre más fuerte y receptivo al tratamiento, y también
ayudarán al paciente a aceptar y sobrellevar psicológicamente la enfermedad –lo
cual redunda positivamente en su sistema inmunológico y por tanto en el curso
de la patología-.
Son muchos los estudios
y las investigaciones que avalan estos datos: “vivir en positivo” es necesario para la salud.
