jueves, 21 de junio de 2012

¿DÓNDE DIRIJO MI ATENCIÓN? Parte I


Mientras monto en bicicleta, llevo las manos colocadas en el manillar y la vista al frente. No me hace falta pensar cómo voy a mover mis manos, éstas se dirigen automáticamente hacia el mismo sitio hacia donde miro. Porque es hacia donde voy…

Este hecho resulta tan obvio que pasa inadvertido. Lo mismo sucede con una buena parte de nuestras conductas y acciones. Se dirigen automáticamente hacia donde queremos ir –o hacia donde estamos mirando-. Esto es comprensible,… y será positivo siempre y cuando la dirección hacia la que nos dirijamos sea la adecuada. Pero no siempre es así.

Pensemos en varios ejemplos algo burdos: La tasa de natalidad en España es bastante baja, sin embargo nada más quedarme embarazada comienzo a ver por todas partes  mujeres en mi mismo estado; Acabo de adquirir un coche de un amarillo serie limitada, recuerdo haber visto sólo un par de vehículos del mismo color antes. Un mes después de salir con mi coche del concesionario  me doy cuenta de que tras mi compra he visto casi a diario algún coche del mismo color que el mío; Acaban de diagnosticarme una dolencia de la que no había oído hablar nunca. Cuando lo hablo con mis allegados todos me dicen que conocen a alguien que sufre la misma dolencia…

¿Casualidad? ¿Prodigio? La explicación es bastante más sencilla. Cuando el individuo se encuentra interesado en algo –por necesidad o mera proximidad- se estrecha su foco atencional y deja de atender a otros estímulos externos no coincidentes con su “interés”.

Si, por ejemplo,  la persona necesita resolver un problema suceden tres cosas: 1) de forma automática el cerebro comienza a repasar toda la información latente de la que dispone el individuo y que sea relevante para el problema, haciéndola además aflorar a estadios conscientes para su procesamiento; 2) al estrechar el foco atencional, la persona sólo captará del exterior aquella información que le sirva para resolver el problema planteado y 3) comenzará el procesamiento, análisis y tratamiento de la información recibida para lograr encontrar la solución.

Todo ello pone de manifiesto la importancia que tiene elegir adecuadamente qué es lo que nos interesa  –desechando lo que pueda resultar nocivo o no adaptativo-. Necesitamos centrarnos (voluntaria o involuntariamente) en pensamientos e ideas que resulten constructivos y que puedan ayudarnos a poner en marcha otros procesos cognitivos acordes y necesarios para nuestro momento vital.