A las personas a partir de los 65 años de edad, y con total independencia
de su situación laboral, se las suele ya
considerar como “mayores”. Gracias al aumento de la esperanza de vida, este sector de la
población está experimentando un crecimiento significativo.
Desgraciadamente, en muchas ocasiones, son
vistos de forma negativa como una carga y un coste añadido para el resto de la
población. Algunas de las explicaciones posibles a esta visión negativa es que
se atribuye demasiada importancia al hecho de haber concluido el trabajo
remunerado o de suponerles, erróneamente, un estado de “inactividad”
general.
Esta visión negativa, simplista y poco atractiva de las personas mayores, merma
la lista real de contribuciones que hacen en este período final de su vida:
cuidado de los nietos, ayuda a sus hijos, actividades de ocio, voluntariado,
etc. …
En relación a su participación en labores
de voluntariado las cifras apuntan a un incremento significativo en el
porcentaje de personas mayores que prestan su ayuda a organizaciones o
particulares, de forma totalmente desinteresada. Los factores que pueden estar
influyendo en dicho incremento son numerosos: mayor nivel educativo de nuestros mayores, mejor
estado de salud asociado a su mejor calidad de vida, su visión positiva del
“estar ocupado” y activo, cambios favorables de la población general hacia la 3ª Edad y un aumento significativo de
las oportunidades para ejercer como voluntarios tanto en organizaciones
públicas como privadas.
Las motivaciones que mueven a los mayores a
hacerse voluntarios, pueden ser diversas:
- Realizar este tipo de actividades ayuda a
mantener el bienestar subjetivo y moral. Hace que aparezca o aumente el sentido
de pertenencia y de ser necesitado, mientras contribuye activamente al
desarrollo de su comunidad.
- Ayuda a preservar y mantener patrones de conducta establecidos.
Las personas que durante su juventud disfrutaron siendo muy activos, intentan
mantener esa continuidad. No se trata simplemente de sustituir un trabajo
remunerado por otra ocupación, sino de organizar sus días en base a unas
actividades y unos horarios concretos, que aportan seguridad. Además pueden
tener la necesidad de verse a sí mismos como personas que siguen estando
ocupadas, porque es esa la imagen que siempre han tenido de sí mismos.
- Tener un determinado rol social ayuda a
lograr el bienestar personal y facilita el mantenimiento de la propia
identidad. Una persona que, durante toda
su vida, se ha implicado, de una u otra manera,
colaborando con personas y causas de su entorno, es más que probable que
realice actividades de voluntariado como elemento de reafirmación de su
autoimagen.
¿Existe alguna relación entre ejercer como
voluntario en la 3ª Edad y disfrutar de una mejor salud? Numerosos estudios
apuntan a que la respuesta depende del tipo de actividad en el que se ayuda y el grado
de implicación de la persona.
Aquellas personas que colaboran
directamente en una tarea; aquellas que
se involucran en causas religiosas; y
las que desarrollan actividades de carácter intergeneracional, presentan un
mayor grado de satisfacción.
Cuando los mayores sienten que están
realizando una labor productiva experimentan gratificación emocional, extienden
su red social, se sienten con mayor poder y prestigio, lo que repercute
favorablemente en su salud física y mental.
El hecho de desarrollar y sentir que tienen
un rol social que cumplir, proporciona significado, una guía y un propósito
para dirigir su vida. Les ayuda a controlar su salud mental y a organizar su
día a día –para nuestros mayores es muy importante conservar antiguos hábitos e
instaurar otros nuevos, siempre de forma ordenada y repetitiva para evitar
esfuerzos innecesarios-.
Y este beneficio resulta especialmente
grande cuando se han ido perdiendo roles
por el camino (dejar de ser el marido porque se ha quedado viudo, dejar de
ser la madre porque el hijo se emancipa y se va de casa, dejar de ser el
trabajador en la fábrica porque ha llegado la jubilación, …).
Participar como voluntario aumenta la red social,
por lo que la persona mayor percibe que tiene un mayor apoyo social y esto
redunda en una reducción del estrés y el riesgo de enfermedad física y mental.
Diversos estudios realizados a este
respecto apuntan a que las labores de voluntariado hacen: Aumentar la integración social; Permiten que
los mayores se distraigan de sus propios problemas; Hace que se sientan útiles,
necesitados y que tengan un valor en la vida; Hace posible que se vean a sí
mismos como más competentes y eficaces, por lo que se valoran más; Mejora su
estado emocional general, desarrollando estados de ánimo positivos –lo que
influye en la mejora de su autoestima y en el fortalecimiento de su sistema
psiconeuroinmunológico-; Realizan una mayor actividad física.
Finalmente, la evidencia apoya que existe una relación
entre practicar el voluntariado y una mayor salud física y psicológica
percibidas. Probablemente sea una relación bidireccional en la que el
voluntariado contribuye a la salud y el hecho de estar sano “anima” a
desarrollar este tipo de actividades.
Sea como fuere, participar como Voluntario resulta positivo para
nuestros mayores.
Me gusta tu blog. Aquí tienes una nueva seguidora.
ResponderEliminarBesitos
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Muchísimas gracias Yolanda. Y Bienvenida ...
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