lunes, 6 de agosto de 2012

VOLUNTARIADO Y SALUD EN NUESTROS MAYORES



A las personas  a partir de los 65 años de edad, y con total independencia de su situación laboral,  se las suele ya considerar como “mayores”. Gracias al aumento de la  esperanza de vida, este sector de la población está experimentando un crecimiento  significativo.

Desgraciadamente, en muchas ocasiones, son vistos de forma negativa como una carga y un coste añadido para el resto de la población. Algunas de las explicaciones posibles a esta visión negativa es que se atribuye demasiada importancia al hecho de haber concluido el trabajo remunerado o de suponerles, erróneamente, un estado de “inactividad” general. 

Esta visión negativa, simplista y  poco atractiva de las personas mayores, merma la lista real de contribuciones que hacen en este período final de su vida: cuidado de los nietos, ayuda a sus hijos, actividades de ocio, voluntariado, etc. …

En relación a su participación en labores de voluntariado las cifras apuntan a un incremento significativo en el porcentaje de personas mayores que prestan su ayuda a organizaciones o particulares, de forma totalmente desinteresada. Los factores que pueden estar influyendo en dicho incremento son numerosos: mayor nivel educativo de nuestros mayores, mejor estado de salud asociado a su mejor calidad de vida, su visión positiva del “estar ocupado” y activo, cambios favorables de la población general  hacia la 3ª Edad y un aumento significativo de las oportunidades para ejercer como voluntarios tanto en organizaciones públicas como privadas.

Las motivaciones que mueven a los mayores a hacerse voluntarios, pueden ser diversas:

- Realizar este tipo de actividades ayuda a mantener el bienestar subjetivo y moral. Hace que aparezca o aumente el sentido de pertenencia y de ser necesitado, mientras contribuye activamente al desarrollo de su comunidad.

- Ayuda a preservar  y mantener patrones de conducta establecidos. Las personas que durante su juventud disfrutaron siendo muy activos, intentan mantener esa continuidad. No se trata simplemente de sustituir un trabajo remunerado por otra ocupación, sino de organizar sus días en base a unas actividades y unos horarios concretos, que aportan seguridad. Además pueden tener la necesidad de verse a sí mismos como personas que siguen estando ocupadas, porque es esa la imagen que siempre han tenido de sí mismos.

- Tener un determinado rol social ayuda a lograr el bienestar personal y facilita el mantenimiento de la propia identidad.  Una persona que, durante toda su vida, se ha implicado, de una u otra manera,  colaborando con personas y causas de su entorno, es más que probable que realice actividades de voluntariado como elemento de reafirmación de su autoimagen.

¿Existe alguna relación entre ejercer como voluntario en la 3ª Edad y disfrutar de una mejor salud? Numerosos estudios apuntan a que la respuesta depende del  tipo de actividad en el que se ayuda y el grado de implicación de la persona.

Aquellas personas que colaboran directamente en una tarea;  aquellas que se involucran en causas religiosas;  y las que desarrollan actividades de carácter intergeneracional, presentan un mayor grado de satisfacción.

Cuando los mayores sienten que están realizando una labor productiva experimentan gratificación emocional, extienden su red social, se sienten con mayor poder y prestigio, lo que repercute favorablemente en su salud física y mental.

El hecho de desarrollar y sentir que tienen un rol social que cumplir, proporciona significado, una guía y un propósito para dirigir su vida. Les ayuda a controlar su salud mental y a organizar su día a día –para nuestros mayores es muy importante conservar antiguos hábitos e instaurar otros nuevos, siempre de forma ordenada y repetitiva para evitar esfuerzos innecesarios-.

Y este beneficio resulta especialmente grande cuando se han ido perdiendo roles por el camino (dejar de ser el marido porque se ha quedado viudo, dejar de ser la madre porque el hijo se emancipa y se va de casa, dejar de ser el trabajador en la fábrica porque ha llegado la jubilación, …).

Participar como voluntario aumenta la red social, por lo que la persona mayor percibe que tiene un mayor apoyo social y esto redunda en una reducción del estrés y el riesgo de enfermedad física y mental.

Diversos estudios realizados a este respecto apuntan a que las labores de voluntariado hacen:  Aumentar la integración social; Permiten que los mayores se distraigan de sus propios problemas; Hace que se sientan útiles, necesitados y que tengan un valor en la vida; Hace posible que se vean a sí mismos como más competentes y eficaces, por lo que se valoran más; Mejora su estado emocional general, desarrollando estados de ánimo positivos –lo que influye en la mejora de su autoestima y en el fortalecimiento de su sistema psiconeuroinmunológico-; Realizan una mayor actividad física.

Finalmente, la evidencia apoya que existe una relación entre practicar el voluntariado y una mayor salud física y psicológica percibidas. Probablemente sea una relación bidireccional en la que el voluntariado contribuye a la salud y el hecho de estar sano “anima” a desarrollar este tipo de actividades.  Sea como fuere, participar como Voluntario resulta positivo para nuestros mayores.

2 comentarios:

  1. Me gusta tu blog. Aquí tienes una nueva seguidora.

    Besitos

    http://dondelasemocionesnosllevan.blogspot.com.es/

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