Mientras me agarraba con fuerza a la
barra de seguridad de la atracción de feria, dando vueltas y más vueltas a
muchos pies del suelo, los ojos llorosos y medio cerrados por efecto del aire y
la velocidad y una ligera sensación de mareo, disfrute y vértigo … , me quedé
estupefacta ante lo que vi. En el vagón inmediatamente anterior al mío, una
chica de no más de 15 o 16 años, escribía tranquilamente un mensaje en el
móvil, sin ni siquiera inmutarse de los muchos metros de altura ni la postura
–prácticamente boca abajo- a la que
estábamos sometidos.
La visión de esta adolescente me hizo
pensar en la falta de atención que prestamos al momento presente –incluso en
momentos que pueden resultar excitantes de una u otra forma-.
Todos concebimos el presente como el aquí
y ahora, el único momento en el que realmente se está desarrollando nuestra
vida. Sin embargo, pasamos una gran parte de ella “en otro sitio”, sin
darnos cuenta de ese presente que conceptualmente conocemos.
Y si no estamos aquí… ¿dónde nos encontramos? La respuesta es en el pasado y/o en el futuro a
través de nuestros pensamientos y fuera
de nuestro cuerpo por falta de atención:
- Cuando estamos físicamente en un lugar,
pero tenemos la cabeza en otra parte, no somos conscientes de nuestras
emociones o bien nos dejamos llevar por ellas, sin que medie control
voluntario. No las identificamos como nuestras y por ello no podemos
utilizarlas de forma constructiva.
- Cuando hay una tendencia a vivir en el
pasado, retornamos de forma recurrente y disruptiva a vivencias y sentimientos
que se dieron tiempo atrás. Generalmente se acude al pasado en forma de
lamentaciones por decisiones que no se tomaron, conductas que no se realizaron, "errores" que se cometieron, etc. Si quedamos anclados en este tipo de
pensamientos, dando la espalda de forma objetiva al presente, podemos caer en
cuestionamientos personales de los que, con toda probabilidad, saldremos
malparados. La autoestima se ve
afectada, lo que acaba produciendo un estado de inacción de la situación
actual. Este anclaje en el pasado, además, produce emociones y sentimientos
negativos que pueden amenazar nuestra salud. La interpretación negativa del
pasado y de nosotros mismos, acabará por condicionar nuestro presente.
- Cuando hay una tendencia a vivir en el
futuro, elaboramos escenarios probables, idealizamos el futuro. No se trata, en
este caso de crear opciones en base a
unos objetivos propuestos –lo cual sería altamente constructivo- sino que se
refiere, más bien, a una huída hacia delante como consecuencia de una “no
aceptación del momento presente”. No nos
conviene lo que vemos o tenemos e idealizamos otro escenario (irreal o
inaccesible, por tanto poco adaptativo para cambiar nuestra situación real). Esta
tendencia resulta negativa porque nos impide encontrar la solución necesaria,
lo que acaba afectando a la visión de nosotros mismos como personas eficaces a
la hora de enfrentarnos a los problemas.
La pregunta que debemos hacernos es “¿Podemos
invertir esta situación y vivir el Presente?” La respuesta es rotundamente afirmativa:
- Nuestro cuerpo es lo
que nos pone en relación directa con el presente. A través de él sentimos y
percibimos lo que se encuentra a nuestro alrededor. Cuando prestamos la
suficiente atención a nuestras sensaciones corporales, conseguimos tomar
conciencia del momento y forzar –de alguna manera- el loco curso de nuestros
pensamientos. Sentir “mariposas en el estómago”, el rápido latido de nuestro
corazón, la respiración entrecortada, el vello erizado de la piel, la
sudoración excesiva,… etc nos dan una cantidad significativa de información
sobre nuestro estado. Hacer ejercicios de relajación y respiraciones profundas
pueden ayudarnos a tomar conciencia de las sensaciones que experimentamos en
momentos concretos.
- Mirar el pasado
desde otra perspectiva, perdonarnos a nosotros mismos, hacer interpretaciones
alternativas a los hechos, modificar los afectos asociados a nuestros recuerdos…
Todas ellas pueden ayudarnos a no tener el pasado como referencia absoluta y ser
una losa de nuestro presente. Las
experiencias pasadas sólo son útiles si nos ayudan a encontrar soluciones para el momento presente y no son la referencia
para volver una y otra vez sobre posibles “errores” que nos mortifiquen y nos
impidan continuar con nuestra vida.
- Mirar en exceso al
futuro en un intento de controlar
nuestra vida sólo provoca que descuidemos nuestro presente y que vivamos con
cierta sensación de ansiedad todo lo que hacemos. Pretender evitar ciertos
contratiempos o adversidades no sólo es bueno, sino que forma parte de nuestro
instinto de supervivencia, pero esto dista mucho del hecho de querer controlarlo todo. La vida es
imprevisible y si intentamos luchar contra esta premisa, podemos acabar
llevándonos una gran desilusión y sentirnos frustrados con nosotros mismos y
con nuestra vida. Un sano ejercicio para evitar vivir en el futuro es
identificar estos pensamientos ansiosos relativos a tiempos venideros y
modificarlos por otros que atañan a nuestro momento presente. Para focalizar la
atención en estos últimos, la meditación es una técnica muy aconsejable.
Desconozco qué movía a
aquella adolescente a no disfrutar de la atracción de feria. Probablemente se
estaba limitando a indicar a algún amigo en qué situación del parque se
encontraba exactamente. Sea por lo que fuese, su mente estaba en otro sitio más
allá de la altura, el movimiento rápido y la excitación del momento. Pasados un
par de minutos me olvidé de ella y monté en otra atracción.

Me ha recordado mucho a la entrada que puse el otro día. Muy buena.
ResponderEliminarTe sigo en tu blog..si quieres estás invitada al mio.
Un abrazo
http://dondelasemocionesnosllevan.blogspot.com.es/