jueves, 16 de agosto de 2012

EL MOMENTO PRESENTE



Mientras me agarraba con fuerza a la barra de seguridad de la atracción de feria, dando vueltas y más vueltas a muchos pies del suelo, los ojos llorosos y medio cerrados por efecto del aire y la velocidad y una ligera sensación de mareo, disfrute y vértigo … , me quedé estupefacta ante lo que vi. En el vagón inmediatamente anterior al mío, una chica de no más de 15 o 16 años, escribía tranquilamente un mensaje en el móvil, sin ni siquiera inmutarse de los muchos metros de altura ni la postura –prácticamente boca abajo- a la que estábamos sometidos.

La visión de esta adolescente me hizo pensar en la falta de atención que prestamos al momento presente –incluso en momentos que pueden resultar excitantes de una u otra forma-.

Todos concebimos el presente como el aquí y ahora, el único momento en el que realmente se está desarrollando nuestra vida. Sin embargo, pasamos una gran parte de ella “en otro sitio”, sin darnos cuenta de ese presente que conceptualmente conocemos.

Y si no estamos aquí… ¿dónde nos encontramos?  La respuesta es en el pasado y/o en el futuro a través de nuestros pensamientos y fuera de nuestro cuerpo por falta de atención:

- Cuando estamos físicamente en un lugar, pero tenemos la cabeza en otra parte, no somos conscientes de nuestras emociones o bien nos dejamos llevar por ellas, sin que medie control voluntario. No las identificamos como nuestras y por ello no podemos utilizarlas de forma constructiva.

- Cuando hay una tendencia a vivir en el pasado, retornamos de forma recurrente y disruptiva a vivencias y sentimientos que se dieron tiempo atrás. Generalmente se acude al pasado en forma de lamentaciones por decisiones que no se tomaron, conductas que no se realizaron, "errores" que se cometieron, etc. Si quedamos anclados en este tipo de pensamientos, dando la espalda de forma objetiva al presente, podemos caer en cuestionamientos personales de los que, con toda probabilidad, saldremos malparados.  La autoestima se ve afectada, lo que acaba produciendo un estado de inacción de la situación actual. Este anclaje en el pasado, además, produce emociones y sentimientos negativos que pueden amenazar nuestra salud. La interpretación negativa del pasado y de nosotros mismos, acabará por condicionar nuestro presente.

- Cuando hay una tendencia a vivir en el futuro, elaboramos escenarios probables, idealizamos el futuro. No se trata, en este caso de crear opciones en base a unos objetivos propuestos –lo cual sería altamente constructivo- sino que se refiere, más bien, a una huída hacia delante como consecuencia de una “no aceptación del momento presente”.  No nos conviene lo que vemos o tenemos e idealizamos otro escenario (irreal o inaccesible, por tanto poco adaptativo para cambiar nuestra situación real). Esta tendencia resulta negativa porque nos impide encontrar la solución necesaria, lo que acaba afectando a la visión de nosotros mismos como personas eficaces a la hora de enfrentarnos a los problemas.

La pregunta que debemos hacernos es “¿Podemos invertir esta situación y vivir el Presente?”  La respuesta es rotundamente afirmativa:

- Nuestro cuerpo es lo que nos pone en relación directa con el presente. A través de él sentimos y percibimos lo que se encuentra a nuestro alrededor. Cuando prestamos la suficiente atención a nuestras sensaciones corporales, conseguimos tomar conciencia del momento y forzar –de alguna manera- el loco curso de nuestros pensamientos. Sentir “mariposas en el estómago”, el rápido latido de nuestro corazón, la respiración entrecortada, el vello erizado de la piel, la sudoración excesiva,… etc nos dan una cantidad significativa de información sobre nuestro estado. Hacer ejercicios de relajación y respiraciones profundas pueden ayudarnos a tomar conciencia de las sensaciones que experimentamos en momentos concretos.

- Mirar el pasado desde otra perspectiva, perdonarnos a nosotros mismos, hacer interpretaciones alternativas a los hechos, modificar los afectos asociados a nuestros recuerdos… Todas ellas pueden ayudarnos a no tener el pasado como referencia absoluta y ser una losa de nuestro presente. Las experiencias pasadas sólo son útiles si nos ayudan a encontrar soluciones para  el momento presente y no son la referencia para volver una y otra vez sobre posibles “errores” que nos mortifiquen y nos impidan continuar con nuestra vida.

- Mirar en exceso al futuro en un intento de controlar nuestra vida sólo provoca que descuidemos nuestro presente y que vivamos con cierta sensación de ansiedad todo lo que hacemos. Pretender evitar ciertos contratiempos o adversidades no sólo es bueno, sino que forma parte de nuestro instinto de supervivencia, pero esto dista mucho del hecho de querer controlarlo todo. La vida es imprevisible y si intentamos luchar contra esta premisa, podemos acabar llevándonos una gran desilusión y sentirnos frustrados con nosotros mismos y con nuestra vida. Un sano ejercicio para evitar vivir en el futuro es identificar estos pensamientos ansiosos relativos a tiempos venideros y modificarlos por otros que atañan a nuestro momento presente. Para focalizar la atención en estos últimos, la meditación es una técnica muy aconsejable.

Desconozco qué movía a aquella adolescente a no disfrutar de la atracción de feria. Probablemente se estaba limitando a indicar a algún amigo en qué situación del parque se encontraba exactamente. Sea por lo que fuese, su mente estaba en otro sitio más allá de la altura, el movimiento rápido y la excitación del momento. Pasados un par de minutos me olvidé de ella y monté en otra atracción.

1 comentario:

  1. Me ha recordado mucho a la entrada que puse el otro día. Muy buena.

    Te sigo en tu blog..si quieres estás invitada al mio.

    Un abrazo

    http://dondelasemocionesnosllevan.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar