martes, 21 de agosto de 2012

NECESITO QUE ME ACEPTEN


Las personas formamos parte de asociaciones, participamos en grupos, en actividades deportivas, culturales o recreativas, etc como herramienta para satisfacer una de las necesidades más importantes del ser humano, que es la de afiliación y afecto por parte de los demás. Necesitamos sentirnos aceptados e integrados dentro de un “grupo” social para estar bien y experimentar sensación de pertenencia.

Esto guarda una estrecha relación con la necesidad de estima (tanto de la imagen y concepto que tenemos de nosotros mismos, como del que tienen los demás acerca de nuestra persona).

Si nos sentimos competentes, confiamos en nuestra valía y capacidad de logro, en nuestros atributos tanto físicos como psicológicos … etc, es más que probable que la relación con nuestro entorno sea satisfactoria.

Por el contrario, si el concepto y valoración de nosotros mismos y el conjunto de nuestras capacidades no es positivo –o suficiente para hacernos sentir bien- la relación con los demás puede verse afectada negativamente: mientras que algunas personas optarán por el aislamiento social por miedo al rechazo, otras buscarán compulsivamente la aprobación del grupo.

 Nuestra interacción con los demás está supeditada a la búsqueda de atención, de aprecio, de reconocimiento, de estatus…, pero si no tenemos un “buen” concepto de nosotros mismos, esa será la imagen que proyectemos al exterior, y por tanto esa será la respuesta que obtendremos de los que nos rodean. Es el caso de las personas con una autoestima baja, que pueden acabar desarrollando cierto complejo de inferioridad, reforzado por las personas de su entorno laboral y personal.  

La búsqueda de aprobación es positiva, siempre y cuando no se convierta en una necesidad. Cuando la persona con una baja autoestima necesita de la aprobación del grupo para sentirse bien, puede exhibir conductas exageradas que en nada ayudan a que se sienta mejor, ni provocan una respuesta satisfactoria por parte del grupo: ser demasiado amable; no saber decir “no” a las demandas de los demás; mostrar conformidad con todas las actitudes de los demás para “no llevar la contraria”; cambiar puntos de vista propios para agradar; adular para conseguir el afecto de los demás; exhibir un comportamiento contrario a los ideales personales para ser aceptado en el grupo; buscar continuamente un consenso fingido para evitar confrontaciones, etc . Ninguna de estas conductas consigue el objetivo último de hacer que la persona con baja autoestima se sienta mejor, porque realmente resultan artificiales para los demás y no reconfortan a la persona, que interiormente, sigue sin aceptarse a sí misma. Muy por el contrario, se puede caer en una espiral de pesimismo y decepción cuando se hace patente que esta necesidad de aprobación no sólo no sirve para alcanzar el objetivo deseado, sino que además perpetúa la baja autoestima –la persona sabe que sus comportamientos son fingidos, están esculpidos según la percepción que tiene de lo que demanda  la situación y resultan alienantes porque no representan cómo es ni cómo se siente interiormente.

Cuando la necesidad de aprobación domina la totalidad de las interacciones sociales, la persona se vuelve especialmente sensible a lo que los demás puedan decir sobre su aspecto físico, rendimiento laboral, competencia familiar y personal. Algunas personas pueden acabar desarrollando fobia social, caracterizada por experimentar ansiedad y temor intenso y continuo a relacionarse con personas que no estén en el entorno habitual y el miedo puede acabar provocando la automarginación en los contactos sociales.

Sentir que los demás nos aprueban en una necesidad básica del ser humano. Pero antes de buscar la aprobación por parte de los demás, es necesario que estemos conformes con nosotros mismos. La primera regla será buscar qué concepto tenemos de nosotros mismos y para ello podemos indagar en: Qué partes de nuestro físico nos satisfacen; Cuáles son susceptibles de mejora; Qué competencias tenemos; Cuáles son nuestros puntos fuertes y en Qué áreas; Cómo nuestros actos son acordes al entorno en el que nos movemos pero sin tener que renunciar a nuestros valores o actitudes, etc. Analizarnos de forma objetiva puede ser el primer paso para comenzar a aceptarnos. Este análisis también permite identificar cuáles son las áreas que pueden ser mejoradas, y  ayuda a decidir por “dónde y en qué dirección” iniciar el cambio.

Si no podemos hacerlo solos, siempre podemos contar con la ayuda de un profesional, que nos entrene en Habilidades Sociales, técnicas de mejora de la Autoestima, o tratamiento de la fobia social. 

2 comentarios:

  1. Muy buena entrada.

    La mayoría de personas buscan la aprobación en el exterior y grave error. La aceptación siempre radica desde el interior. Por eso, como tu bien dices, para conseguirla, se unen a grupos y así un largo etc.

    Un abrazo!
    Yolanda.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En efecto, ocurre así. Además se da el gran error de pensar y creer que si los demás nos aceptan, nosotros tendremos un mejor concepto de sí mismos. El inicio está en lo que cada cual piensa de sí mismo,porque es lo que acaba proyectando a los demás. Si yo me acepto, los demás me aceptan. Ese es el verdadero orden de las cosas.

      Un abrazo
      Susana

      Eliminar